El auto cuidado es fundamental para nuestro bienestar físico y emocional. Nuestro cuerpo necesita descanso para recuperarse del ejercicio físico para mantenerse activo y en forma.

Emocionalmente también necesitamos descansar, pasar tiempo a solas, desconectar de vez en cuando de las obligaciones, desestresarnos, y desarrollarnos como personas, entre otras muchas cosas.

El auto cuidado no es un capricho, es una necesidad. Si no descansamos, si solo vivimos para cumplir obligaciones, si nos olvidamos de nosotras mismas, no solo no vamos a estar felices, puede que hasta se resienta nuestra salud. ¿No te ha pasado nunca que tu cuerpo ha tenido alguna somatización en temporadas de estrés elevado?

Si has montado alguna vez en avión, habrás notado que cuando dan las instrucciones a seguir en caso de emergencia,  te dicen que te pongas la máscara de oxígeno tú primero antes de ayudar a los niños u otros pasajeros. Seguro que muchas madres piensan “no, ¡a mis hijos primero!” Pero si por pensar primero en los demás tú no te pones la máscara lo más probable es que te marees y no  solo no puedas ayudar a nadie sino que al final tú también necesites ayuda. Tiene todo el sentido  que si tú no estás cuidada y en condiciones de ayudar, no vas a poder ayudar a nadie.

En la vida diaria pasa lo mismo, vivimos tan pendientes de nuestras obligaciones y las necesidades de otros que “se nos olvida” lo más importante: que nosotras también necesitamos cuidarnos.

 

¿Cuál es el problema?

 

El principal problema es que percibimos auto cuidado como sinónimo de egoísmo. Si te cuidas, eres una egoísta. Y te acusan (o peor, puede que tú misma te auto acuses) de no estar para los demás, de pensar solo en tus necesidades, de no querer lo suficiente… ¡como si quererse a uno mismo y querer ayudar a otros estuviesen reñidos!

Piensa en la persona que más quieras en el mundo. ¿Qué harías por ella? ¿La cuidarías? ¿Le dedicarías tiempo? ¿Le darías un capricho de vez en cuando? ¿Te preocuparías por su salud? ¿Te preocuparías por cómo se siente? ¿Respetarías sus decisiones aunque no estés de acuerdo con ellas?

No hace falta que contestes, ya sé que la respuesta es un “¡pues claro!” gigante.

Ahora me gustaría que respondieras a esas mismas preguntas si se tratara de ti misma. ¿Qué haces por ti? ¿Te cuidas? ¿Te dedicas tiempo? ¿Te das un capricho de vez en cuando? ¿Te preocupas por tu salud? ¿Te preocupas por tus sentimientos? ¿Respetas tus decisiones aunque otros no estén de acuerdo con ellas?

Me atrevería a adivinar que la respuesta es muy diferente en este caso. “Bueno… pero yo no necesito tanto”, “yo estoy bien” “yo soy más fuerte” “la otra persona me necesita más”. ¿Te suena?

Pero si lo pensamos bien… ¿No tiene sentido que nos queramos y nos cuidemos en la misma medida también a nosotras mismas?

No me malinterpretes,  no estoy hablando de pensar solo en nuestro placer y no ayudar a nadie. O de que no nos importe nadie ni nada. Tampoco estoy hablando de situaciones extremas. Pero en general, si queremos ayudar a otros primero tenemos que estar bien nosotras. Y eso implica estar bien física y emocionalmente. Cada vez me encuentro con  más mujeres que acaban colapsando por cuidar de todo el mundo menos de ellas mismas. Y llega un momento en el que se resiente su salud, o se sienten deprimidas, estresadas y sin ganas de nada.

Cuidarse no es egoísta. Es lícito y es totalmente necesario para nuestra salud física y emocional.

Si alguien intenta transmitirte el mensaje contrario, plantéate quién es el egoísta.

 

¿Cómo me cuido? Incorpora estas 5 acciones que son imprescindibles para mejorar el auto cuidado:

 

1. Haz de tu salud una prioridad.

Esto no debería ser negociable. Escucha a tu cuerpo. Si necesita descansar, si necesita hacer ejercicio, si necesita funcionar a otro ritmo. Hay muchas veces que las obligaciones o  los compromisos sociales toman la prioridad, queremos hacerlo todo. Pero si no escuchamos a nuestro cuerpo y le damos lo que necesita tarde o temprano se manifestará en forma de somatizaciones.

 

2. Aprende a decir que no.

Derivado del punto anterior, muchas veces el problema es que no sabemos decir que no. Date el permiso para no ir a esa fiesta de cumpleaños, para no atender esa llamada no urgente, para no quedarte hasta las mil en el trabajo… Pon límites. Piensa qué le recomendarías hacer a la persona que más quieres (la misma de la que hablábamos arriba), y si la juzgarías por decir que no. Y aplícate el mismo criterio a ti misma 😉

 

3. Prioriza.

Muchas veces nos creemos superwoman, pero ni lo somos, ni tenemos que serlo. Seguro que tu lista de quehaceres para cada día de la semana no tiene fin. Prioriza las tareas. Identifica las que son urgentes o verdaderamente importantes. Es mejor empezar por éstas, así si llega el final del día y han quedado algunas tareas menos importante sin hacer te sentirás menos estresada.

 

4. Presta atención a tus emociones.

Toma consciencia de cómo te sientes en cada situación, y expresa tus emociones cuando lo necesites. Una buena gestión emocional es imprescindible para nuestro bienestar. En este artículo te enseño cómo identificar tus emociones y cómo gestionarlas de forma sana.

 

5. Desconecta.

Tómate tiempo para ti sola. Es importante que pases tiempo contigo misma para desconectar del ajetreo y conectar con lo que necesitas y lo que es importante para ti. En la medida que puedas, incorpora momentos para ti, como darte un baño caliente, dar un paseo con el teléfono apagado, date un masaje,  o escribe durante 15 minutos  sobre cómo ha ido el día.

Espero que te haya gustado el artículo y…. ¡cuídate! 😉

 

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